Día 8 - Marzo 23 2020 -
La angustia muchas veces se parece a un pequeño pozo de agua, pequeñísimo pero excesivamente profundo y aterrador. Daniela sentía que su esófago vertical tenía atascado un pequeño pozo profundo, podía localizarlo pero parecía ser eterno, creaba un vacío tan prolongado que a veces se sentía una brisa que hacía entumecer las piernas y no permitía la quietud. Daniela sabía que ese vacío podía ser llenado, pero no sabía con qué. Cerrar los ojos lo evidenciaba más, sentía el vértigo, los abría pero la luz incandescente la aturdía, los sentidos dejaban de ser propios, el ruido intimidaba la vista, el habla al olfato y el olfato al tacto. El tacto ya se había convertido en un privilegio. ¿Cuánto había querido poder abrazar fuerte ese día? La valentía significaba lejanía y parecía el peor chiste no poder dar un beso. Después de conteos y respiraciones practicadas con profunda voluntad Daniela logro cubrir el pozo sabiendo que alguna corriente de agua, una ventisca absoluta iba a dejarlo en evidencia otra vez.
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