Día 10 - Marzo 24 2020 -
La excepción a la regla. La madrugada, las filas largas sin distanciamiento, la muchedumbre aplastada entre tapabocas a medio poner, guantes improvisados, reutilizados. La necesidad es más fuerte que el miedo.
Petra se despertó viendo llover, pensó que eso podía mitigar las ganas de tomar aire, pero habían jefes, escondidos tras sus mantas exigiendo que sus empleados no dejaran de producir. Habían zapateros que necesitaban llevar comida a casa. El virus había elegido su mejor medio de transporte, uno al cual le era imposible parar, pues su economía y funcionamiento se basaba en la producción.
Era de noche, el teléfono suena, demasiados estímulos produce la quietud. La mente corre a velocidades inalcanzables por la sensatez y la realidad que pareciera ser un mito, una ficción de aquellas que vimos tan lejanas golpea al interlocutor de la llamada con fuerza. "Esto nunca imaginé vivirlo" dice. Entendernos tan frágiles, cambiar el orden de las frecuencias que guían nuestro andar, nuestras prioridades. Sabernos finitos y mínimos frente a la invisibilidad de una amenaza latente aterra. La idea de perder al otro, de perdernos a nosotros mismos, por el encierro, por la ansiedad, por el hallazgo de lo desconocido. Evidenciar catástrofes que van más allá de la plaga, el hambre.
Petra colgó pensando en la segunda guerra mundial, en la peste negra, periodos de lepra, en los eventos que han marcado puntos de giro en la historia y entendió que estaba viviendo uno, que merecía el mismo respeto, la misma cautela, la misma solidaridad.
Petra se despertó viendo llover, pensó que eso podía mitigar las ganas de tomar aire, pero habían jefes, escondidos tras sus mantas exigiendo que sus empleados no dejaran de producir. Habían zapateros que necesitaban llevar comida a casa. El virus había elegido su mejor medio de transporte, uno al cual le era imposible parar, pues su economía y funcionamiento se basaba en la producción.
Era de noche, el teléfono suena, demasiados estímulos produce la quietud. La mente corre a velocidades inalcanzables por la sensatez y la realidad que pareciera ser un mito, una ficción de aquellas que vimos tan lejanas golpea al interlocutor de la llamada con fuerza. "Esto nunca imaginé vivirlo" dice. Entendernos tan frágiles, cambiar el orden de las frecuencias que guían nuestro andar, nuestras prioridades. Sabernos finitos y mínimos frente a la invisibilidad de una amenaza latente aterra. La idea de perder al otro, de perdernos a nosotros mismos, por el encierro, por la ansiedad, por el hallazgo de lo desconocido. Evidenciar catástrofes que van más allá de la plaga, el hambre.
Petra colgó pensando en la segunda guerra mundial, en la peste negra, periodos de lepra, en los eventos que han marcado puntos de giro en la historia y entendió que estaba viviendo uno, que merecía el mismo respeto, la misma cautela, la misma solidaridad.
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