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Jugar

Siento en la punta de mi nariz la leve ventisca de un jueves que pasó hace varios años, tengo el recuerdo de lo insostenible que era llevar un par de orejas que iban perdiendo su color y no sentían nada. Recuerdo, a lo lejos el coro desafinado de voces conocidas unidas por una misma canción, que se repetía cada semana con el mismo desafine. En ese entonces no tenía noción del tiempo, flotaba junto con la nieve y parecía que cada instante fuera eterno, estaba rodeada de todo lo que más quería y todo lo que siempre había querido y lo que faltaba no hacía notar su ausencia. En un parpadeo, lo que dura un bostezo, el rechine de una silla acomodándose de vuelta en su lugar, todo se torna a lo sorpresivo pero no inesperado. Estoy ahora sintiendo una pesada ventisca en mi nariz que se confunde con lo estático del lugar y la falta de aire, en realidad se siente como si tan poco movimiento hubiera juntado varias partículas en un mismo lugar y las siento pesadas sobre un mismo punto que las so...

Lejos

Si te vas a desvanecer que sea lento, que no toques el borde de mis dedos para despedirte mientras me sonríes a lo lejos. Si te vas a desdibujar que sea de a pocos, déjame contemplar los rastros de tu figura y piel, los trazos que dejaron las ultimas declaraciones de amor. Si vas a escurrirte hasta volverte líquido que sea de a gotas así puedo saborearte una vez más. Si vas a evaporarte, fluir junto a las nubes y volar disfrázate de color para que te perciba y te pueda respirar. Si vas a camuflarte con la nada y desvanecer deja marcas que me permitan rastrearte, una pista, un por qué.

la mar

Es incompatible el sentimiento, subidas y bajadas que no se estancan y provocan desazón. Alguna vez escuché en el fondo de la habitación una promesa, la validez de tus palabras, el ensueño, la melancolía. Soy incapaz de proyectar noches sin cruzarte los pies en la cama, mañanas de café con leche renegadas, tardes de pesquisas bajo las sábanas. Soy incapaz de proyectar tranquilidad y sigo atada a la desazón de tus palabras enredadas en vino. Asumir sería la nueva tarea, son más las lágrimas que rebotaron en el suelo que las risas en las paredes. El corazón late atado a sueño del mañana que se derritió. Late ardiente, sulfurado de llanto, late pesado, carga el dolor y se atiene a su gravedad que presiona al pecho hacía el suelo, a convertirse en posición fetal, temblar de frío. Asumir cordura, la razón no logra explicar la decisión y se contempla a sí misma haciéndose amiga de la imaginación, que juega a la pelota con el gato blanco y proyecta imágenes esperanzadas en el lóbulo fron...

Mareada

Una vez, entrelazando los dedos dijiste que me querías. Así, sin mucho preámbulo, se fueron agotando las imágenes: mi rostro sobre la luz y tus ganas de verme en el fondo de cualquier esquina. Logré después de varios pasos alejar tus aullidos silenciosos, dejar de percibirte, y fuiste sólo recuerdo y pasos y sombra constante en muros cotidianamente recorridos. Conocí pues el amor en otro cuerpo y temblé de miedo pensando que venían de lo mismo y que estaba destinada al olvido y a lo pasajero. Soy diatriba de un buen verso de amor olvidado y muchas veces divago rincones de mentes de viajeros flotantes. Descalzos desdibujan las huellas antes enmarcadas y recitan poemas en idiomas inventados, que por alguna razón, logró entender. Soñó alguna vez el mar con poder frotarse la espuma en su vientre y todavía intenta que ésta no se desvanezca con el roce de la arena.

Coincidimos, tenemos en nuestro centro el recuerdo de la primera vez que soltamos las miradas para que se encontraran, tenemos la angustia de sabernos ajenos y a la vez sentirnos propios, nos unen los besos, los abrazos, tus dedos entre mi cabello rebelde y esponjado, mis ganas de amanecer sobre tu pecho. Ocultamos nuestros miedos para perdernos en nuevas historias, el sacrilegio, ganas de soñar despiertos mientras nos perdemos en la mirada del otro y pedimos a gritos otro beso más. Tenemos 15 otra vez cuando sorprendemos las paredes con nuestras espaldas y nadamos en fantasías que recogemos en el pavimento triste de las calles corrientes de una ciudad que me has prestado para también sentirla mía. Intercambio de corazones, poder sentirte en mi, tragarme tus lágrimas y dibujarte sonrisas, saber que tu boca encaja con la mía y que la mía no sabe igual cuando no la besas. Tenerte cerca y saber que nada puede igualarse a ese sentimiento, recorrer las calles saboreando tus olores. Re...

Se va

Tengo una cabeza sobre mi pecho que no me deja escribir. Una cabeza que amo, una cabeza que me dice cosas que me duelen y cosas que me hacen feliz. Ahora la tengo sobre mi hombro, respira fuerte y sonríe sutilmente, una cabeza que se va a lo lejos a echar humo, con un pantalón y una furia, una cabeza que amo, que camina, respira y se va.

Escrito interrumpido

Resultado, negativo, tengo entre ceja y ceja pellizcos de tu mirada, entretanto una copa de vino blanco, saliva en mi boca, de tu boca. Preguntas y un contexto histórico preexistente nulo, nublado por mediaciones, por parpadeos, nublado por objetivos y ganas de seguir viviendo sin olvidar. Reproches y caricias suaves, que saben a melancolía, que se disfrazan de resentimiento, que adornan el panorama y tienen luz propia. Agotarse, subirse en la cima del árbol y no entender por qué, saber que no quiero caerme pero que tampoco sé bajar y me hacen falta escamas para nadar en el tiempo, sobre el aire pegajoso de un verano ausente. Entretanto una copa de vino blanco, saliva en mi boca, de tu boca. Mordiscos en lugares inesperados, suaves, agudos, le hacen acupuntura a las cicatrices, las sanan, rebotan las ausencias, los presentimientos, las dudas, se cae la toalla del baño de la habitación de al lado y no entendemos por que. Sueños, con paisajes inmensos, personajes de caras bizarras, ...