Una orquidea
Yo escucho la lluvia. En mi respiración traigo la calma, son golpes secos y frenéticos que se acomulan, la insistente repetición en formas distinas, tonos mágicos que presumen un desenlace diferente y vuelvo a quedarme estática en el medio del camino, contemplando el paisaje, deambulando en lo místico, cediendo el paso y dejando que siempre se marchen.
Mi velocidad tan errada y tan honesta, mi ingenuidad, mis momentos inoportunos, encuentros fortuitos, fugaces, potentes, tengo tantas ganas de sentir, de reír y soñar abrazada. Tengo tantos misterios, tantos pasos firmes sin consecuencia, el sentimiento de lo absurdo, lo insensato, lo perdido, lo anhelado.
y tu tan lejos, tan distante, tan constante, tan decisivo y yo tan maleable, tan blandita, tan frágil, tan vacía.
Quiero deshacerme de tanta nostalgía y melancolía, de tanta añoranza e ilusiones, todo es tan intangible, mi impaciencia aprieta el nudo, respiro hondo y profundo, desdibujo las figuras, exhalo y las dejó ir.
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