Y te digo con inocencia lo que pasa… sabiendo que no van a haber respuestas esperadas… todo lo percibo y solamente me pregunto si alguna vez he de caber en tu bolsillo.
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Yo lo conocí , lo conocí saboreando el mundo, llenito de sueños, energía agobiante, ganas de saltar.
La deformidad del anfibio Esa que va caminando por las montañas sin previo aviso que se cree pez y que no sabe nadar no sabe nada. la cola que se le retuerce, esa que suena como cascabel pero no se escucha solo vibra esa que lo confunde pero que lo convence nada más. nariz que respira con bronquios y con pulmones, que se cree humano, que se jura pez, que suena como culebra que no es. brazos con uñas se convence de que maulla pero no puede emitir sonido parecido no tiene aletas no tiene conciencia tiene patas no es culebra, gato, humano, pez. que se cree oveja por que teme a los cazadores que no produce lana, que no puede hacer "bee" ni "mee" que no es oveja, culebra, gato, humano, pez. la barriga tiesa, color que se confunde con la tierra, ojos que no ven, corazón que siente, patas que se arrastran, que lo llevan por las montañas, pero no se siente anfibio, se siente oveja, culebra, gato, humano, pez aunque no lo es.
Aquí estoy, sentada, escuchando la gota que cae y se golpea contra la hoja del árbol. Hay un trueno de fondo, más bien, un relámpago y las ganas inmensas de llorar y no poder. Soy un sauce, en el centro tallados los rostros sin rostro, la melancolía que me encuentra de repente y decide quedarse, hacerse espacio en mi tronco, absorber y reacomodar mis pensamientos, aprisionar mis heridas. Recordarme que alguna vez dejé de hacer algo, dejé de revisar mi presente, dejé transcurrir el tiempo mientras iba vagando por inercia en el mundo. No sé dónde estoy, ni hacía dónde voy. Pareciera un grito de auxilio, un camino con miles de bifurcaciones, una llamarada casi a punto de agotarse y morir. Pero no, es lo más cercana que he estado a entenderme, a dejar la inercia, el fuír, el flujo constante del tiempo, no sé nada, tengo en realidad, muy pocas certezas y eso me aterra, claro, pero también me llena de fe. Soy un sauce vacío, lleno de miedo y penumbra, con un eco que agobia, ...
El caminaba entre la bruma, entre sacrilegios y la idea de un lugar mejor en el horizonte revisaba detenidamente la forma de las piedras, el relieve, la textura, el color. Ella miraba hacía el cielo, encontrándole formas a los espacios entre los árboles pensando que eran las venas invisibles que oxigenaban el mundo. Ellos iban por caminos diferentes. Él jugaba a no tocar los bordes, a detenerse en el centro de las cosas imaginándolas infinitas. Ella bordeaba con la yema de los dedos los contrastes, las esquinas, los límites, entendiendo el lugar entre la materia y el final. Ellos no se conocían. Él agujereaba las hojas que arrancaba con la punta afilada de una rama y a través de los agujeros dejaba que pasara la luz y le dibujara pecas en su cara. Ella raspaba con la uña las hojas de los arboles sin arrancarlas, dibujaba patrones en ellas de un verde más clarito. Ninguno extrañaba al otro. No sabían hacía dónde iban, pero no miraron hacía atrás, salvo para recoger algo...
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