A veces cuándo estoy caminando hacía la montaña
"A veces cuándo estoy caminando hacía la montaña..."
Lo dije repetidas veces, sin poder terminar la frase, todo tenía más sentido mientras me dormía y me imaginaba absorta, parpadeaba, cada vez más lento intentando llegar a otro lugar.
La posición horizontal se había vuelto costumbre, los últimos días habían sido de cargar con mucha tristeza y poco llanto, había encontrado en la punta del timbre del ascensor una huella que se me parecía mucho a tus yemas, a tus franjas tan circulares y perfectas que a veces con cariño y algo de perversión pasabas por mi labio minúsculo.
Leí todo en un acento, ni el tuyo ni el mio, hace rato que no tienes rostro, que eres una idea, como si extrañara a quién todavía no conozco, como si pudiera entorpecer ese encuentro con la insistencia y la añoranza de que pase.
Cada corazón es un nuevo camino, ni siquiera sé hacía dónde quiero ir sola, pero estoy segura que la certeza no tiene que estar toda sujeta a mis caprichos, a veces es bueno soñar despierta con la idea de una unión y un compañerismo.
"A veces cuándo estoy caminando hacía la montaña..." recuerdo el páramo, el frío, el gesto de prestarme la toalla para salvar la poca circulación de mi pie derecho, la palidez, tu pelo húmedo, encontrarte tan pequeño frente a la inmensidad del agua y la cascada inquieta, hablar sobre el futuro y saber que no eramos el uno para el otro, que nos encantaría estar enamorados y poder flotar, pero somos grandes amigos.
La luna entonces es austera, solitaria, rocosa, llena de contrastes, la luna tiene en sus rendijas escondida la idea de un pasado menos engloriecido, más austero y menos pretencioso, la luna no quiere desprenderse del cosmos para caprichos terrestres, quiere flotar sin ninguna admiración, sabe que cuándo la encuentren demasiado cerca como para tocarla, la van a destruir.
"A veces cuándo estoy caminando hacía la montaña" a veces cuándo estoy caminando hacía la montaña.
Te veo venir
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