Lejano

El problema no es la soledad, ni sentirse solos, la brisa pega fuerte y nos recuerda lo pasajero. El problema no es ver la montaña a lo lejos sabiendo que no podemos treparla, nos falta el aire. Sabemos que el verde tiene miles de tonos y se asoma a lo lejos una casita azul, sin puertas ni ventanas, abierta, a medio terminar, nos imaginamos colgando los pies de un borde mientras vemos nuestro reflejo en el balcón del frente. 

Hay más pájaros, más colores en el aire. Hay un intenso dolor localizado pertinentemente en el corazón, pareciera una ausencia prolongada que se acostumbro a no llegar a tiempo, pareciera que se incrustó un bombillo roto pequeñito y que comenzó a titilar. Las hojas son delgadas, transparentes, podemos ver sus venas, los tallos largos y separados. Las hojas oscuras resaltan al fondo, mientras sale humo de la taza de café. La única sartén es para que no se moje la mesa cuando se riegan las plantas y la brisa sigue pasando haciendo amagues de llevárselo todo. 

A veces respirar profundo no es suficiente, ni gritar, ni saltar, ni correr, la quietud pareciera resolverlo todo. 

En esta brisa moderada, mundana, en este pasar de los carros, las ruedas de distintos tamaños, timones que giran a distintas direcciones, el verde de otro edificio que se camufla con los árboles, en la certeza del pasar, del rio que fluye casi seco, el ave que se detiene en un fragmento de cemento elevado, en este pasar solo pienso en vos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La deformidad del anfibio

Sauce

Ellos