El pequeño rincón
Hay una pequeña forma de ver el mundo, desde un pequeño rincón, tan minúsculo que nos perdemos entre la maleza, y a veces sabiéndonos tan extraños decidimos pretender pertenecer a él. El mundo entonces se convierte en un lugar lleno de nostalgia.
A veces la repetición pareciera que puede traer resultados diferentes, insistimos en tejer las mismas telas con los mismos hilos sin que se armen agujeros demasiado grandes y nos encontramos remendando nuestras propias cortaduras, y pareciera que nos rendimos pero disfrutamos los chuzones de la aguja al enhebrar el hilo, al traspasarlo por el grosor de la fabrica encontrándose casi que a propósito con nuestras yemas que sangran recordándonos que estamos vivos.
El dolor entonces se desdibuja, nos sentimos llenos de una angustia que se va a expandiendo tanto que pareciera que nos asfixia y en la respiración revelamos nuestros miedos, pero no hay receptor cercano, nos quedamos con la intermitencia sin tener que dar explicaciones que parecieran aliviarnos.
De fondo una gran neblina que le baja la saturación a los verdes de la montaña, sabemos que no podemos escalarla, el cansancio en las piernas no lo permitiría pero sentimos unas ganas incansables de alcanzar la cima para poder gritar.
Las flores de repente se aparecen entre la palidez de los yarumos, y un pájaro se cuela para adornar el paisaje. En este pequeño rincón todo parece tener un curso marcado, un ritmo dominante, menos yo.
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