El pasar

A veces reconocemos rostros,
nos sentamos junto a ellos,
miramos hacía el frente,
decidimos igualar su punto de vista
encontrar hacía donde se dirigen sus miradas.

Hablan, en ese impulso de aire que se vuelve eco no reconocemos a nadie,
dudamos,
a veces pensamos que con otra voz podríamos identificarlos mejor,
podríamos llamarlos por su nombre,
sabríamos incluso qué nos quieren decir cuándo pronuncian continuamente palabras que parecieran andan sueltas.

El movimiento nos confunde.
Antes se movían más rápido, pensamos
sus brazos no parecen tan sueltos,
sus pies están demasiado rígidos,
la tensión no corresponde,
antes la frente era más plana,
el andar más pausado.

Reconocemos la curvatura de las uñas de los pies que se asoman
un respiro de alivio,
sabemos que sí es quién pensábamos
la voz tiene texturas.
Hoy ha sido un día difícil,
caminar en subida constantemente hace que cuando estemos sobre terreno plano el ritmo varíe
los brazos cargan con más capas de ropa

Creemos entenderlo todo,
le echamos la culpa al paso del tiempo,
a los años que vienen a desmoldarnos
a volver amorfa nuestra perfecta creación
para sentir que las caderas ya no encajan como antes.

Susurramos al oido de nadie nuestras dudas
preferimos negarlo todo,
era mejor cuando ese rostro no tenía una voz tan ronca,
una espalda erguida,
los brazos danzantes,
las piernas brotando raíces y convirtiéndose en troncos.

Ese rostro no era el rostro de esa voz,
esa voz no era la voz de esos brazos
esos brazos no acompañaban el ritmo de esos pies
pero esas uñas sí eran, esas sí, eran de él.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La deformidad del anfibio

Sauce

Ellos