Fugaz

Se había sentado en el último escalón, con la falda remangada y la mirada fija en los ojos del gato blanco que permanecia estático al principio del recorrido. Tuvo miedo de ser reconocida y prefirió esquivarlo, disimuló su dolor de hombro sustituyendo risas por quejidos que le otorgó a algún recuerdo pasajero que tuvo la fortuna de pasar, se miró la planta de los pies intentado leer su pasado, recorrió con su yema tibia los callos y atrajo la imagen ambigua de alguien que no podía asegurar si había amado o si lo había visto pasar esa mañana en el tren. Un zumbido pretendía con ritmo acariciar su oído derecho, ella lo confundía con reliquias de susurros de ese hombre, decidió evadirlo y siguió añorando la mirada del gato que ahora se restregaba en la esquina contra un tacón rojo y roto que había caído previamente de ese último escalón ahora ocupado por ella, sintió ahogarse unos instantes pero se acordó que hace 20   años había salido del agua por última vez. Una leve ventisca coqueteo con la falda acercándola más a sus pasiones ya no tan añoradas por otros, sin parpadear dejó caer de su ojo derecho el lubricante que se había acumulado, se mordió con la mente el labio inferior y sintió por un instante que acababa de terminar la copa de vino blanco que él le había regalado, dejó la copa con las huellas de sus labios recordando que seguía sentada en la escalera, se olió las yemas de sus dedos ahora untadas de pasado y polvo y sacudió sus hombros olvidando su dolor que apurado se hizo presente con un calambrazo que llegó a sentir como un orgasmo, alivió un quejido placentero que alarmó al gato que la vigilaba subido a una baranda, retomó la postura y ojeo timidamente sus alrededores limitados por paredes desteñidas, se sintió miserable por haber dormido tantos años en la misma cama, junto a esa imagen ambigua que todavía no lograba reconocer, no estaba segura si había muerto o la esperaba despierto en algún rincón desolado, si la añoraba o la percibía o sí había llegado a su destino esa mañana en el tren.

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