Lluvia ácida

Agotadores son los pasos que se acercan inquietantes y deciden formar eco en esquinas diferentes [fuiste tu quien decidió marcar las flechas] lazos, vínculos, miradas que se enredaron en metáforas de la sombra de tu ausencia y marcaste con tus dedos la hora de llegada. retumbas cantando la misma canción, pidiéndole disculpas al tiempo, las plantas de tus manos olvidaron la textura de mi espalda, perdieron la huella de mi pelo, ese en el que tus mitos y paisajes aireados se enredaban [y construían ilusiones que todavía siguen sujetas a las raíces] le pusiste nombre propio a mis miedos y se te olvido sacarlos a pasear y dejarlos abandonados en esquinas desiertas, remangaste tus dinamismos y verdades [fuiste mi mentira favorita] sacudiste el temblor de mis muñecas, la falta de un piano de cola, el frío que se calienta entre mis dedos. Tuviste suerte en encontrarte con mis ojos y el eco de tu imagen sigue impreso. Anunciaste perdidas de peso, centímetros de más, kilómetros de distancia  [no mediste en kilos el peso de tu ausencia para ver si la podía cargar] desmaquillaste mis mejillas donde ruedan hoy las lagrimas, las besaste y tímido posaste la tuya sobre la mía, enjaulaste mi rubor en tu bolsillo y ahora pálida divago por las calles [que tienen capas de presencias ajenas] perteneciste, rodaste por mis labios, mi sonrisa, te evaporaste en mis suspiros y giraste en el humo del cigarrillo del vecino, aceleraste el ritmo de mis pasos, la tonalidad de mis abrazos no es la misma, pienso en un tono diferente, agudizaste mis sentidos.

Tengo las claves de sol y de fa incrustadas en mi pecho y logran derramar una vez más esa dulce melodía, succionaste mis pesares y mis dichas para dejarme vacía en paginas de libros de Cortazar, entre letras de canciones de sabina, discursos de políticos frustrados, estudiantes mal hablados, perdedores sin causa. dejaste la única silaba de mi nombre divagando entre mentes clandestinas, señalaste mis sueños rotos y dibujaste tus frustraciones en ellos, tatuaste tu dolor en mi cadera. Mis memorias las desgarraste con tus uñas, te perdiste en el olvido del olvido de mis acentos desairados y mis ganas de esconder las palabras en tu boca, ahuyentaste mis pesares y mis dudas impregnadas de remordimientos [solo queda el cargo de conciencia] fuiste lo que fuiste, desgastaste mis cuerdas vocales, músculos, versos, pestañeos, y dibujaste mariposas en mi estomago que culpables se golpean contra mis sentidos.

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