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Suspiro, seguido de una pausa larga que no termina en puntos suspensivos, ni en una coma ni en un punto final. Es un paréntesis abierto que se me olvidó cerrar al final de la frase, y pensé que con cerrar el cuaderno te iba a lograr olvidar. De pronto se me perdió de la mente tu imagen, pero todavía te logro encontrar, convertido en mancha, en mi corazón. Perdí el momento previo al último beso y se me quedó grabado el saludo que recibía de ti al despertar, el rojizo atardecer al que volvíamos caminando, la piedra del más allá donde nos encontrábamos y los besos con sabor a chocolate.
Como cuando me mordías la oreja derecha y adivinabas sabores, ahora todo lo mezclo con un presente que ya no te siente, igual siempre vas a ser ese hombre diferente.
Las hormigas mientras me picaban succionaron todo el amor que algún día sentí por ti y las ronchas no se volvieron cicatrices. De pronto te pasas el semáforo en rojo y aparece tu imagen en uno de mis hemisferios del cerebro y no logro encontrar tus coordenadas para ver si te ayudo a salir de ahí, para que no caigas otra vez en mi corazón y te confundas con otra cara y otro nombre, para que tu mancha no se aclare y pueda seguir ignorándote si te veo pasar por la calle, que confundirte es mi mejor opción.
Como cuando me mordías la oreja derecha y adivinabas sabores, ahora todo lo mezclo con un presente que ya no te siente, igual siempre vas a ser ese hombre diferente.
Las hormigas mientras me picaban succionaron todo el amor que algún día sentí por ti y las ronchas no se volvieron cicatrices. De pronto te pasas el semáforo en rojo y aparece tu imagen en uno de mis hemisferios del cerebro y no logro encontrar tus coordenadas para ver si te ayudo a salir de ahí, para que no caigas otra vez en mi corazón y te confundas con otra cara y otro nombre, para que tu mancha no se aclare y pueda seguir ignorándote si te veo pasar por la calle, que confundirte es mi mejor opción.
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