Frenesí

Salir en puntitas por el cuarto, escuchando el sonido del silencio que nos quería decir algo, que me quería contar un cuento, que te quería sonar a jazz acompañado de jugo de uva que traías de la cocina, que no tenía hielo por que no tenías calor. Aullido del viento que nos devolvió al cuarto para encontrarnos debajo de las cobijas como si nos hubiéramos perdido en el tiempo. Como si la noche hubiera llegado de repente y se hubiera camuflado en el día. Ojos que no se miran, bocas que se encuentran, que se apoya tu labio en el mío.

Soledad de un instante mientras tomabas un sorbo de jugo de uva que se iba desgastando en la mesa de madera, dejando la marca, huella que lo recordara, nada era en vano. Ni siquiera tú.

Movimientos que nos enredaban, tu pie con el mío, la cobija debajo del cuello, se iba resbalando mientras anestesiábamos el momento para que no pasara más. Yo te confundí con la sombra que llevabas puesta y preferí darte un beso de esquimal, tocar tus ojos con mis pestañas, morder tu oreja, para verte sonreír.

Despertador de los años treinta, rosado con orejas de metal que interrumpen, lo apagaste con un golpe en la pared, me diste un beso en la punta de la nariz, que tenia fría, me sentiste las manos que no dormían y con tu mirada me lanzaste un "tiamo" en telepatía con sabor a ti que todavía esta tatuado en mi mente y lo cargo en un bolsillo de mi corazón.

Los zapatos que no te pusiste ese día me acompañaron hasta tu regreso que esta estático desde ese día... y que todavía espero.

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