Domingo de cafe con leche


Claramente se me olvido que era domingo de café con leche. y me quede dormida hasta pensar que el sueño se había consumido por los poros de las ventanas que se habían quedado abiertas. Con un leve pestañeo intangible por su rapidez logre condicionar los ojos a la luz del día que se iba convirtiendo en noche y me iban confundiendo. Era culpa del tiempo por existir. Ahora todo se vuelve un tic tac de los relojes que ya no me molestan para dormir y que escucho en mi cabeza cuando estoy concentrada en contar ovejas que no quieren saltar, que salen en desorden, en manada. Termino por perder la cuenta, se van cobijando las ideas, los momentos se acuestan en el rincón derecho de la mente y se van convirtiendo en recuerdos que se acolchonan en el corazón, que pareciera ser más grande pero al mismo tiempo más solidario con los instantes que se atreven a pasar. Es como dejar que todo fluya. No lo podemos evitar.


Ya no me levanto al baño en las noches. Ya no pido 5 minutitos más. Simplemente camino y dejo que mis ojos decidan si se quieren enfrentarse al cemento, al vapor de la ducha y a miradas esquivas. Yo solamente quiero evitar pensar. Y me dejo llevar por los pasos que marcan un rumbo indefinido. Y voy escuchando sonidos esquivos, de esos que se esconden detrás de las botellas para confundirlos con algo más.

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Foto por: TrixyPixie

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