No sabemos Volar

Me siento pesada. Las manos me van liberando y la garganta sostiene un nudo de incertidumbre que no pasa con agua, ni con pan. Voy caminando con los ojos en el pensamiento y solo siento la suela de los zapatos que cada vez se hace más pesada. No hay espacio para la ligereza, no hay momentos en los que mi cuerpo se pueda dignar a contestar a las voces. Solamente existe el infinito, pero ya no hay más allá.
Es como un estado de ausencia y pertenencia a lo ajeno. Siento como todo me va enredando más el alma y el corazón late por costumbre, las manos escriben por inercia y me mantengo por la gravedad.
Cada vez que parpadeo pareciera que los ojos se ausentaran del presente, y la boca ya no musita palabra, todo es desconocido, hasta el propio lenguaje corporal. Es ponerle mute al mundo y frenar en seco frente a las vidas de los otros y preguntarse que más puede pasar.
Y la mente se vuelve homogénea, las miradas no tocan la piel (se desvían), el llanto se evapora por dentro, se enreda en el nudo del alma y ya nada quiere salir, nada quiere pertenecer, nada quiere ser.
No es un estado depresivo, no es un estado de nostalgia, es solo saber que el presente es esa línea que marco mí mañana.
Es pensar con el corazón, es sentir los pasos inexistentes para convertirlos en propios y aprender el ritmo... caminar. Percatarse de entender que lo que pasa no lo podemos cambiar. Y que las nubes no nos van a sostener.
No sabemos volar.
Es como un estado de ausencia y pertenencia a lo ajeno. Siento como todo me va enredando más el alma y el corazón late por costumbre, las manos escriben por inercia y me mantengo por la gravedad.
Cada vez que parpadeo pareciera que los ojos se ausentaran del presente, y la boca ya no musita palabra, todo es desconocido, hasta el propio lenguaje corporal. Es ponerle mute al mundo y frenar en seco frente a las vidas de los otros y preguntarse que más puede pasar.
Y la mente se vuelve homogénea, las miradas no tocan la piel (se desvían), el llanto se evapora por dentro, se enreda en el nudo del alma y ya nada quiere salir, nada quiere pertenecer, nada quiere ser.
No es un estado depresivo, no es un estado de nostalgia, es solo saber que el presente es esa línea que marco mí mañana.
Es pensar con el corazón, es sentir los pasos inexistentes para convertirlos en propios y aprender el ritmo... caminar. Percatarse de entender que lo que pasa no lo podemos cambiar. Y que las nubes no nos van a sostener.
No sabemos volar.
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Foto: petitescargot
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