Atravesarme 
siento la daga, lo que dejó el corte, la cicatriz 
resuena, eco constante, el dolor. 

El miedo, arruga en texturas finas mi centro 
pendo de un hilito que se enreda y hala constantemente hacía la tierra

¿Cuántas veces decirme que no? 
¿Dónde está el camino hacía las ganas?
¿Dónde está la luz que entorpece a mi sombra?
¿Cómo saber si los pasos que doy son suficientes?

Me estremezco, hay nubes dibujadas en mis piernas,
hay alas despellejadas, hay caminos no resueltos.

El grito llena todos los vacíos, 
ensordece, herido, las ganas, nubla toda esperanza.

Quitarme las telarañas, los rezagos, limpiar, lamer la herida
¿Cuántas veces tenemos que decirnos las cosas para creerlas?



Comentarios

Entradas populares de este blog

La deformidad del anfibio

Un jardín

Agosto 27