La luz
Dos esferas, rebotando,
si tuviera que elegir, no podría
en cada manojo un bulto de esperanza,
de tristeza y de melancolía.
El espacio entre mis dedos,
ruidos abismales,
un centro de peso muerto,
cadenas que halan uniformemente hacía coordenadas distintas
hay un espejismo de un mejor lugar.
Las hojas caen una sola vez, secas,
amarillas o naranjas, a veces verdes.
Caen lentamente, se recuestan en el suelo,
adornan la maleza mientras ven crecer una nueva en la cima del árbol.
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