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Mostrando entradas de marzo, 2026

Ellos

El caminaba entre la bruma, entre sacrilegios y la idea de un lugar mejor en el horizonte revisaba detenidamente la forma de las piedras, el relieve, la textura, el color. Ella miraba hacía el cielo, encontrándole formas a los espacios entre los árboles pensando que eran las venas invisibles que oxigenaban el mundo. Ellos iban por caminos diferentes. Él jugaba a no tocar los bordes,  a detenerse en el centro de las cosas imaginándolas infinitas. Ella bordeaba con la yema de los dedos los contrastes, las esquinas, los límites, entendiendo el lugar entre la materia y el final. Ellos no se conocían. Él agujereaba las hojas que arrancaba con la punta afilada de una rama  y a través de los agujeros dejaba que pasara la luz y le dibujara pecas en su cara. Ella raspaba con la uña las hojas de los arboles sin arrancarlas, dibujaba patrones en ellas de un verde más clarito. Ninguno extrañaba al otro. No sabían hacía dónde iban,  pero no miraron hacía atrás, salvo para recoger algo...

La luz

Dos esferas, rebotando, si tuviera que elegir, no podría en cada manojo un bulto de esperanza, de tristeza y de melancolía. El espacio entre mis dedos, ruidos abismales, un centro de peso muerto, cadenas que halan uniformemente hacía coordenadas distintas hay un espejismo de un mejor lugar. Las hojas caen una sola vez, secas, amarillas o naranjas, a veces verdes. Caen lentamente, se recuestan en el suelo, adornan la maleza mientras ven crecer una nueva en la cima del árbol.