Sauce
Aquí estoy, sentada, escuchando la gota que cae y se golpea contra la hoja del árbol. Hay un trueno de fondo, más bien, un relámpago y las ganas inmensas de llorar y no poder.
Soy un sauce, en el centro tallados los rostros sin rostro, la melancolía que me encuentra de repente y decide quedarse, hacerse espacio en mi tronco, absorber y reacomodar mis pensamientos, aprisionar mis heridas. Recordarme que alguna vez dejé de hacer algo, dejé de revisar mi presente, dejé transcurrir el tiempo mientras iba vagando por inercia en el mundo.
No sé dónde estoy, ni hacía dónde voy. Pareciera un grito de auxilio, un camino con miles de bifurcaciones, una llamarada casi a punto de agotarse y morir. Pero no, es lo más cercana que he estado a entenderme, a dejar la inercia, el fuír, el flujo constante del tiempo, no sé nada, tengo en realidad, muy pocas certezas y eso me aterra, claro, pero también me llena de fe.
Soy un sauce vacío, lleno de miedo y penumbra, con un eco que agobia, un recorrido interno que parece infinito, una profundidad casi inalcanzable, mi centro tiene un nudo que no parece ahora tan palpable, sino más bien denso, como una carga, una energía, siento en mi vacío el vacío del amor que se ha ido, el que no ha llegado, el que me deja en visto hace meses, el que no me vuelve a buscar, el que se va sin despedirse, el que es capaz de dejarme sin cuestionarse nada. Yo si los extraño a todos.
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