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Ellos

El caminaba entre la bruma, entre sacrilegios y la idea de un lugar mejor en el horizonte revisaba detenidamente la forma de las piedras, el relieve, la textura, el color. Ella miraba hacía el cielo, encontrándole formas a los espacios entre los árboles pensando que eran las venas invisibles que oxigenaban el mundo. Ellos iban por caminos diferentes. Él jugaba a no tocar los bordes,  a detenerse en el centro de las cosas imaginándolas infinitas. Ella bordeaba con la yema de los dedos los contrastes, las esquinas, los límites, entendiendo el lugar entre la materia y el final. Ellos no se conocían. Él agujereaba las hojas que arrancaba con la punta afilada de una rama  y a través de los agujeros dejaba que pasara la luz y le dibujara pecas en su cara. Ella raspaba con la uña las hojas de los arboles sin arrancarlas, dibujaba patrones en ellas de un verde más clarito. Ninguno extrañaba al otro. No sabían hacía dónde iban,  pero no miraron hacía atrás, salvo para recoger algo...

La luz

Dos esferas, rebotando, si tuviera que elegir, no podría en cada manojo un bulto de esperanza, de tristeza y de melancolía. El espacio entre mis dedos, ruidos abismales, un centro de peso muerto, cadenas que halan uniformemente hacía coordenadas distintas hay un espejismo de un mejor lugar. Las hojas caen una sola vez, secas, amarillas o naranjas, a veces verdes. Caen lentamente, se recuestan en el suelo, adornan la maleza mientras ven crecer una nueva en la cima del árbol.

Sauce

Aquí estoy, sentada, escuchando la gota que cae y se golpea contra la hoja del árbol. Hay un trueno de fondo, más bien, un relámpago y las ganas inmensas de llorar y no poder.  Soy un sauce, en el centro tallados los rostros sin rostro, la melancolía que me encuentra de repente y decide quedarse, hacerse espacio en mi tronco, absorber y reacomodar mis pensamientos, aprisionar mis heridas. Recordarme que alguna vez dejé de hacer algo, dejé de revisar mi presente, dejé transcurrir el tiempo mientras iba vagando por inercia en el mundo.  No sé dónde estoy, ni hacía dónde voy. Pareciera un grito de auxilio, un camino con miles de bifurcaciones, una llamarada casi a punto de agotarse y morir. Pero no, es lo más cercana que he estado a entenderme, a dejar la inercia, el fuír, el flujo constante del tiempo, no sé nada, tengo en realidad, muy pocas certezas y eso me aterra, claro, pero también me llena de fe.  Soy un sauce vacío, lleno de miedo y penumbra, con un eco que agobia, ...