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Mostrando entradas de marzo, 2020

Día 13 - Marzo 27 2020 -

A veces siento que somos migajas, que logramos con nuestras texturas formas, cobrar algún sentido. Perseguimos con demasiadas fuerzas caminos que no conducen a ningún lado y nos aferramos al destino con terquedad y desmesura, ignorando que no lo controlamos. En estas pausas podemos respirar, apreciar un paisaje que contiene una realidad diferente a la que pensábamos existía. Los personajes que nos habitan el corazón no son los mismos que caminaron por nuestros suelos. Queremos versiones de las personas, las que proyectan nuestros anhelos. Hoy la migraña no dejó existir a Elisa y se le fue arrugando de a poco el corazón. Sigue fragmentando pedazos de un espejo que ya estaba roto. Se divide en partículas que intentan desdibujarla. La noche y la lluvia logran cobijar su desmesura y en la quietud y el silencio logra respirar con más calma. No se puede perder lo que nunca se ha tenido. 

Día 11 - Marzo 25 2020 -

Extrañamos el pasto, la arena insoportable entrando en las chanclas en la playa. Extrañamos el sol en nuestros hombros, tener que entrecerrar los ojos para poder ver, el zumbido de una abeja. Camila camina de un lado a otro por el apartamento, se ve reflejada en el cuadro que cuelga en su pared.  Una niña que mira hacía su casa, lejana, cansada, tirada, con su vestido rosa arrugado sobre el pasto que la cubre. Es hora de salir por pan pero no puede. De fondo suena un piano que la calma, se repite la misma canción, ya sabe dónde encontrar consuelo. Cierra los ojos y siente nostalgia. ¿Cuándo va a volver a ver a su familia? ¿A quiénes ya vio por última vez? Es hora de salir por pan pero no puede.

Día 10 - Marzo 24 2020 -

La excepción a la regla. La madrugada, las filas largas sin distanciamiento, la muchedumbre aplastada entre tapabocas a medio poner, guantes improvisados, reutilizados. La necesidad es más fuerte que el miedo. Petra se despertó viendo llover, pensó que eso podía mitigar las ganas de tomar aire, pero habían jefes, escondidos tras sus mantas exigiendo que sus empleados no dejaran de producir. Habían zapateros que necesitaban llevar comida a casa. El virus había elegido su mejor medio de transporte, uno al cual le era imposible parar, pues su economía y funcionamiento se basaba en la producción. Era de noche, el teléfono suena, demasiados estímulos produce la quietud. La mente corre a velocidades inalcanzables por la sensatez y la realidad que pareciera ser un mito, una ficción de aquellas que vimos tan lejanas golpea al interlocutor de la llamada con fuerza. "Esto nunca imaginé vivirlo" dice. Entendernos tan frágiles, cambiar el orden de las frecuencias que guían nuestro an...

Día 9 - Marzo 23 2020 -

Laura lloró, desconsoladamente, con cada lágrima desenredaba un poco el nudo. Logró dejar suficiente para una manta que la cubriera del frío insoportable que hacía en las noches, le faltaban las ganas para tejerlo, pero sabía que en algún momento iba a tomar la decisión. El afuera que amenaza con un enemigo invisible, sentirse tan cercana a las descripciones de las catástrofes que leyó en los libros de historia, que vio en las películas. No la aterraba tanto la invisibilidad de su enemigo, la aterraba la idea de que su cuerpo ahora era una herramienta de transporte para éste. Tenía ganas de escudarse, de volverse lava, de encerarse y que su cuerpo se volviera liso y escurridizo. Pero el enemigo soportaba cualquier material y era paciente, sabía esperar, ella no, y eso era una gran desventaja.

Día 8 - Marzo 23 2020 -

La angustia muchas veces se parece a un pequeño pozo de agua, pequeñísimo pero excesivamente profundo y aterrador. Daniela sentía que su esófago vertical tenía atascado un pequeño pozo profundo, podía localizarlo pero parecía ser eterno, creaba un vacío tan prolongado que a veces se sentía una brisa que hacía entumecer las piernas y no permitía la quietud. Daniela sabía que ese vacío podía ser llenado, pero no sabía con qué. Cerrar los ojos lo evidenciaba más, sentía el vértigo, los abría pero la luz incandescente la aturdía, los sentidos dejaban de ser propios, el ruido intimidaba la vista, el habla al olfato y el olfato al tacto. El tacto ya se había convertido en un privilegio. ¿Cuánto había querido poder abrazar fuerte ese día? La valentía significaba lejanía y parecía el peor chiste no poder dar un beso. Después de conteos y respiraciones practicadas con profunda voluntad Daniela logro cubrir el pozo sabiendo que alguna corriente de agua, una ventisca absoluta iba a dejarlo en evi...

Día 6 - Marzo 21 2020 -

Sofía contó las cartas de UNO, se aseguró que hubiera la misma cantidad de cada color.

Día 5 - Marzo 20 2020 -

Marta cerró la puerta del baño esperando encontrar a su paso un lugar distinto pero su cama seguía sin tender, su gato acostado sobre la manta roja y los zapatos azules en el piso como los había dejado hace ya tres días. Nunca había visto con tanto esmero el techo de su cuarto, vio en las sombras las olas del mar, cerro los ojos y se acordó del olor a sal del sonido de la espuma cuando se mezcla con la arena. Recordó la sensación en sus pies cuando se iba a acostar después de un largo día de playa y sentía que la corriente la arrastraba, que la cama era agua, que el pelo se elevaba. Abrió los ojos y vio los pájaros colgados, deseó ser un pájaro, de esos que se acercaban a su ventana en las mañanas y cantaban, deseo no tener su cuerpo, su tipo de sangre tan atrayente al virus, deseo que sus brazos fueran alas, para llevarla hasta el mar.

Ansiedad

Me agobio, a veces siento un fuerte vendaval en el pecho, sin rumbo, moviéndose en forma circundante, como un torbellino, que hala mi respiración hacía adentro y la agita, mis párpados  cubren mi centro que tambalea y se pega contra los costados. Mi boca se descascara por el roce constante con los dientes. Localizo el sonido de la silla que se mece en la sala, de la nevera tan distante, veo la sombra de las ramas moverse, el hilo de luz artificial que entra por mi ventana, mis manos. Huelo los restos de la última noche con él, las cáscaras de los pistachos abiertos. Polo a tierra, el torbellino se calmó.
Aterrizaron las hojas sobre el suelo húmedo y roído, decidieron que podían quedarse ahí, dejar de volar y absorberse con el tiempo.