La Marea
Se sentó en la sala sujetando la taza con orejas puntudas de gato que el día anterior casi le habían sacado los ojos. La despertó eso más que el café. Pensó en cómo se sentía el terciopelo del sofá a través de las mayas de sus medias, al volverse consciente de la textura se le erizó la piel y recordó que hacía frío y que los tacones no le iban a durar todo el día puestos sin entorpecer su paso, pero ya era demasiado tarde, el terciopelo no la dejaba pararse y sentirse un poco más alta era más necesario que caminar bien. Recordó mientras pretendía escuchar las palabras de Jorge, que estaba sentado en la silla del frente, el olor a mar y sal que se sentía en los aeropuertos de la costa. Casi suelta una carcajada acordándose de la hilera de pasajeros con chaquetas, bufandas y sacos golpeados por la brisa caliente y densa al bajar del avión. Pensó que así se debía sentir golpearse con la realidad, caer en cuenta de algo terrible o despertar de un mal sueño. Jo...