la mar
Es incompatible el sentimiento, subidas y bajadas que no se estancan y provocan desazón. Alguna vez escuché en el fondo de la habitación una promesa, la validez de tus palabras, el ensueño, la melancolía. Soy incapaz de proyectar noches sin cruzarte los pies en la cama, mañanas de café con leche renegadas, tardes de pesquisas bajo las sábanas. Soy incapaz de proyectar tranquilidad y sigo atada a la desazón de tus palabras enredadas en vino. Asumir sería la nueva tarea, son más las lágrimas que rebotaron en el suelo que las risas en las paredes. El corazón late atado a sueño del mañana que se derritió. Late ardiente, sulfurado de llanto, late pesado, carga el dolor y se atiene a su gravedad que presiona al pecho hacía el suelo, a convertirse en posición fetal, temblar de frío. Asumir cordura, la razón no logra explicar la decisión y se contempla a sí misma haciéndose amiga de la imaginación, que juega a la pelota con el gato blanco y proyecta imágenes esperanzadas en el lóbulo fron...