Fugaz
Se había sentado en el último escalón, con la falda remangada y la mirada fija en los ojos del gato blanco que permanecia estático al principio del recorrido. Tuvo miedo de ser reconocida y prefirió esquivarlo, disimuló su dolor de hombro sustituyendo risas por quejidos que le otorgó a algún recuerdo pasajero que tuvo la fortuna de pasar, se miró la planta de los pies intentado leer su pasado, recorrió con su yema tibia los callos y atrajo la imagen ambigua de alguien que no podía asegurar si había amado o si lo había visto pasar esa mañana en el tren. Un zumbido pretendía con ritmo acariciar su oído derecho, ella lo confundía con reliquias de susurros de ese hombre, decidió evadirlo y siguió añorando la mirada del gato que ahora se restregaba en la esquina contra un tacón rojo y roto que había caído previamente de ese último escalón ahora ocupado por ella, sintió ahogarse unos instantes pero se acordó que hace 20 años había salido del agua por última vez. Una leve ventisca coque...