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Mostrando entradas de julio, 2009

Escupiendo pensamientos

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¿Sabes? se me enreda el corazón con la punta de los dedos y los pensamientos saben amargo cuando se trata de llevarte jalado de un hilito a la cima de mi mente. Que pesas mucho si te meto en un barril y no quiero que ocupes la mayor parte de mi tiempo ni de mi corazón. Que se me caen los recuerdos de las manos y las palabras para decirte que no se si es cuestión de un instante lo que necesito para sentir que ya no quiero despegarme de ti y que las mañanas saben a noche solamente cuando tu estas ahí. Que mirarte de reojo no me enceguece y que no escucharte me deja con la duda de no saber si ese "hola" virtual es real o es simplemente una frase obligada. ¿Que pasaría si nos vamos caminando por la calle cogidos de la mano y pasa alguien que no soy yo? ____________________ Foto por: Johnny Leyton Modelo : Lia Nessim Macia (yusi moi)

Se te sube la sangre a la cabeza y quieres dejar de pensar

Se te sube la sangre a la cabeza y quieres dejar de pensar, Se encogen las rodillas, te niegas a caminar, Miras hacia los lados sintiendo la ausencia, Permaneces sentado dibujando la inocencia Se te olvida que mañana es un nuevo día Que empieza con un hoy y se termina con un ayer Y todo lo vas mezclando con soplos de melancolía Que se confunde con tu llanto, Que se confunde con tu risa, Que se camufla entre tus ojos. Se te sube la sangre a la cabeza y quieres dejar de pensar, Mientras miras el mundo boca abajo Y se te olvida que el lunes no es viernes y que el viernes no es sábado Muchas veces quisiste caminar encima de la luna Y preferiste soñar Mientras estas sentado con las manos atadas al pasado Se te enfría la memoria Se te olvida recordar. Se te sube la sangre a la cabeza y quieres dejar de pensar, Por que empieza el hoy y el ayer se quedo atrás En la ausencia a la que le temías, En los pasos que no diste, En las miradas perdidas. Todo lo vas encerrando en cuatro paredes imaginar...

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Mírame! que yo se que me escuchas! Deja de desviar la vista, de pretender tantas cosas De pronto las palabras se resbalan por mi boca Y se me ocurre dejar de escupirlas De pronto se me cae la última letra sin punto final Y quedas paralizado en frente mío En pause. ¿Que tal que me de por sacarte por un oído? Para que dejes de habitar mi cabeza Para que dejes de comerte mí tiempo Para que te escondas detrás del pasto cuando caigas. Así... pequeñito pequeñito! O mejor! en forma de hoja seca. Que tal que pudiera meterte en un cofre olvidado Lleno de polvo para que te de alergia. De esos que guardo en las esquinas, De esos que abro para meter recuerdos hechos materia. Por que se me arruga el corazón con pensarte... Deja de desviar la mirada que igual te escucho Por lo menos ya decidí que no me haces falta.

Había llovido por la tarde y el piso estaba seco

Caminábamos cogidas de la mano, en un imaginario real, donde las baldosas se convertían en sillas y cruzábamos las piernas para que no se nos vieran los calzones. Habíamos recorrido calles, conocido rostros, escuchado voces y una guitarra que se alejaba mientras cruzábamos la esquina para llegar donde la gorda estática que no se cansaba de posar. Habíamos saciado las ganas de comer chocolate, arequipe, y cuan antojo tuviéramos, ahora nos disponíamos a esperar. En un eterno acto de presencia que termino por encasillarnos en un andén que nos sostuvo, mientras discutíamos sobre el amor, sobre la validez de lo inválido, las morales y lo poco que nos quedaba para dejar de vernos. Los amores imposibles, los que se iban y nos iban dejando huellas en el corazón. Los imaginarios que coexistían en un mundo paralelo que esperábamos poder traspasar, éramos como el viento, inestables. Había llovido por la tarde y el piso estaba seco. De repente una hora se convirtió en mucho tiempo y me dijiste que...

Frenesí

Salir en puntitas por el cuarto, escuchando el sonido del silencio que nos quería decir algo, que me quería contar un cuento, que te quería sonar a jazz acompañado de jugo de uva que traías de la cocina, que no tenía hielo por que no tenías calor. Aullido del viento que nos devolvió al cuarto para encontrarnos debajo de las cobijas como si nos hubiéramos perdido en el tiempo. Como si la noche hubiera llegado de repente y se hubiera camuflado en el día. Ojos que no se miran, bocas que se encuentran, que se apoya tu labio en el mío. Soledad de un instante mientras tomabas un sorbo de jugo de uva que se iba desgastando en la mesa de madera, dejando la marca, huella que lo recordara, nada era en vano. Ni siquiera tú. Movimientos que nos enredaban, tu pie con el mío, la cobija debajo del cuello, se iba resbalando mientras anestesiábamos el momento para que no pasara más. Yo te confundí con la sombra que llevabas puesta y preferí darte un beso de esquimal, tocar tus ojos con mis pestañas, mo...