No sabemos Volar
Me siento pesada. Las manos me van liberando y la garganta sostiene un nudo de incertidumbre que no pasa con agua, ni con pan. Voy caminando con los ojos en el pensamiento y solo siento la suela de los zapatos que cada vez se hace más pesada. No hay espacio para la ligereza, no hay momentos en los que mi cuerpo se pueda dignar a contestar a las voces. Solamente existe el infinito, pero ya no hay más allá. Es como un estado de ausencia y pertenencia a lo ajeno. Siento como todo me va enredando más el alma y el corazón late por costumbre, las manos escriben por inercia y me mantengo por la gravedad. Cada vez que parpadeo pareciera que los ojos se ausentaran del presente, y la boca ya no musita palabra, todo es desconocido, hasta el propio lenguaje corporal. Es ponerle mute al mundo y frenar en seco frente a las vidas de los otros y preguntarse que más puede pasar. Y la mente se vuelve homogénea, las miradas no tocan la piel (se desvían), el llanto se evapora por dentro, se enreda en el n...